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03
Abr
09

“Bajo la almohada”

········Como cada noche, Andrés vio recortarse las más oscuras sombras de la ciudad bajo un cielo que comenzaba a mudar su riguroso luto, adquiriendo los primeros tonos azulados que anunciaban la llegada de un nuevo amanecer. Y como cada noche, comprendió que la luz de su cuarto sería la última en apagarse al tiempo en que las primeras y más madrugadoras comenzarían a aparecer, una por una, desafiando a la penumbra nocturna.
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18
Ago
08

Caminante

El caminante deambulaba por las rutas de la vida día tras día con pausado paso. No tenía prisa por alcanzar el fin de su camino y hallar así su lugar en el mundo, como solía ocurrirle en el pasado. Prefería avanzar lenta y despreocupadamente, observando los parajes que enmarcaban las rutas que recorría, y disfrutar del canto de los animales y de los seres de la noche, y del silbido del viento y el melancólico descender de cualquier arrollo. Prefería disfrutar cada instante, sin prisa alguna por perseguir su destino, junto a la oscura dama que se había cruzado en su caminar y que desde entonces avanzaba de la mano junto a él entre llanuras y valles, bosques y planicies. En ocasiones, cuando varias estrellas decoraban con su brillo el cielo de la noche y la luna les iluminaba, se detenía y ambos se acomodaban sobre cualquier rocosa ladera y observaban el velo celestial. Él la miraba y se encontraba con sus ojos, misteriosos, oscuros, hermosos, más resplandecientes que la propia luna. Después susurraba unas escasas palabras que en ocasiones conseguían arrancarle a la muchacha una inmaculada sonrisa. Sin separar unas manos que el Sol parecía haber fundido, ambos se besaban y acariciaban sus rostros.

Un día la dama decidió desviarse por otro sendero. Un último abrazo selló un adiós que se negaba a ser definitivo. Quizá algún día sus caminos vuelvan a unirlos.

Hoy el caminante prosigue, cansado, su rumbo. Apenas descansa y sólo avanza por las noches. Prefiere que la penumbra le recuerde a ella y le haga imaginar que sigue a su lado. Prefiere huir de los días pues, al echar la vista atrás, un sol incompasivo le recuerda que ahora avanza solo.

En ocasiones el sol le sorprende en algún amanecer, y el caminante llora pues aún no puede asimilar que ella se haya ido y que quizá nunca pueda volver a recorrer su semblante, a estudiar sus facciones, o a rozar sus labios.

En ocasiones el sol me sorprende en cualquier amanecer...

En ocasiones el sol me sorprende en cualquier amanecer...

Rober escucha “Venas con humo y palabras” (Marea)




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