Archivos para la Categoría 'Personal'

31
Ago
09

“El mejor viaje jamás narrado”

·········Preferí cambiar por unos kilómetros el volante por el asiento trasero del vehículo. Por minutos, olvidé las líneas en la calzada, los carteles indicadores y las señales de tráfico. Preferí fijar mi atención en los suaves límites de tu semblante, en la curvatura rosada de tus labios y en el tacto de tu piel.

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·········Por una vez, olvidé la frescura del verde paisaje y el agradable tono del cielo al atardecer. Pudieron más tus caricias, y esos ojos en cuyo brillo siempre me veo reflejado. Y el calor de tu pecho venció con creces al vacuo respaldo del asiento, o al cristal de la ventanilla.

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··········Esta vez, desterré mis pensamientos y dormité abrazado a tu cuerpo como si nunca más pudiese volver a hacerlo.

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·········E hiciste de un trayecto cualquiera el mejor viaje jamás narrado.

14
Abr
09

Eres…

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El tomate en una sencilla ensalada,
y a la vez ensalada en un potente menú.
·
El horizonte en un cálido atardecer.
La misma línea luminosa que sostiene al alba.
Un espejismo en un infierno de sol y arena.
La esperanza.
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El faro erguido en los lindes del litoral.
Vigía en una nave casi a la deriva.
La más oportuna secuencia estelar.
Mi norte. Mi rumbo.
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Un haz de luz que quebranta la oscuridad.
La llama trémula que funde el hielo.
La orgullosa luna que aún reina en la mañana.
Agua fresca para cada incendio.
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Una suerte de cicatriz estética que no quiero borrar de mí.
Esencia de un riachuelo que resurge tras un tramo seco,
y poblado y precioso bosque por el que, se atisba, discurrirá su cauce.
Mi pasado, mi presente y mi futuro.
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Cosecha de palabras para quien disfruta cultivándolas,
y hoy te regala parte del fruto que más le realiza obtener.

·

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03
Mar
09

Sueños


“Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse” Así concibe la Real Academia de la Lengua Española la palabra “sueño”, arrojando una definición no demasiado acertada a mi juicio. No creo que los sueños sean inalcanzables, aunque con el paso de los años me he dado cuenta de que el círculo que abarca esos “sueños imposibles” comprende la mayor parte de los mismos. Creo, también, que convencerse de que no es posible lograr aquello que deseamos es condenarnos a una vida sin ambiciones y esperanza, lo cual dista mucho menos de lo que parece de la propia muerte.

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Al margen de todo esto, esta es una idea que llega desde el blog “A pesar de todo”, donde María ha hecho algo similar a lo que me dispongo a compartir con vosotros: citar ocho sueños, quizá los ocho más importantes, y supongo que siguiendo un orden de preferencia. Siento decir que nunca he sido muy dado a las jerarquías, y este caso no es una excepción. No me detengo a pensar en si estos sueños tienen mayor posibilidad o menor de materializarse en una realidad. Simplemente son los que más claros encuentro en mi mente, y supongo que por tanto los que rigen, a veces inconscientemente, mi día a día. Tampoco me he detenido a valorar su coherencia: posiblemente algunos estarán muy relacionados, y otros chocarán unos con otros. En teoría tendría que citar a más personas para desarrollar este cometido, pero prefiero dejarlo a libre elección. Quien quiera ejecutar un interesante ejercicio de reflexión, que se sienta libre de hacerlo.

·

suenos

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27
Sep
08

El cruce

Todo cambia. Unos vienen, otros van, y quién sabe si los que hoy se aproximan un día se alejarán sin más. Todo cambia y todo ha cambiado desde que hiciste tu aparición en ese lúgubre escenario del teatro que es la vida.

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15
Sep
08

La primera mañana

El café era amargo, como todos los que servían en el centro. Y, como también ocurría casi siempre, más caro de lo habitual. Pero no me importó. Nada de todo aquello reprimió mi necesidad de sumergirme en el nocivo calor y la calma que a mitad de mañana se instalaba en una cafetería a la que nunca antes había entrado. Quizá necesitaba resguardarme del súbito frío que se había instalado en las calles, o simplemente algo para combatir el plomizo sopor que se cernía sobre mi cuerpo.

Pedí dos cafés y tomé asiento al fondo del local, junto a una cristalera que daba al exterior.  Consulté mi reloj y observé que restaba casi media hora aún hasta que llegase el próximo autobús. Traté de sumirme en la lectura de la novela de Ellery Queen que estaba terminando. Pero las mañanas grises parecen generar en lo más fondo de nuestro ser un firme sentimiento de melancolía que potencia la lucidez de nuestros recuerdos.

Y, entre los míos, aún conservaba demasiadas mañanas nubladas entre sabores amargos. Y otros no tan amargos, pero que con el tiempo han ido caducando hasta tornarse repulsivos. Demasiadas palabras extraviadas en el tiempo, pero que de vez en cuando retornan, como impulsadas por el viento, hasta mis oídos. Frases que no querría oír pero que, indelebles en mi esencia, seguirán surgiendo ocasionalmente, reticentes a internarse en el penumbroso pozo del olvido. El pozo al que, al fin y al cabo, quizá no arrojamos tantas cosas como creemos. O queremos.

La furiosa lluvia comenzó a golpear el cristal, casi cuando ya me disponía a abandonar el establecimiento. Aquella mañana parecía delimitar los lindes del calor estival, era la primera del otoño aunque el calendario no lo reconociese. Un otoño que jamás había traído nada bueno a mi vida. Y con él, la rutina me esperaba de nuevo. Me aguardaba un año complicado, y los cambios en todos los ámbitos eran demasiado nimios como para afrontarlo con una visión optimista.

Apuré mi café y me puse en pie, avanzando hacia la puerta. Antes de salir, de modo casi ritual, me di la vuelta y atisbé entre la multitud la mesa que había ocupado. Suspiré observando el otro café intacto encima de la mesa, y me alejé deseando fervientemente que mi fiel compañera, la que a todos lados me seguía, permaneciese allí, degustando su café, al menos durante un tiempo.

Rober escucha “November Rain” de Guns & Roses

28
Ago
08

Vértigo

Ahora que la senda ante mí se ha tronado abrupta y difícil, me falta cualquier resquicio de seguridad. Ahora que el alto sol del mediodía aprieta consumiéndome a cada paso y cualquier ligera pendiente me inspira la aprensión del escalador que paraliza sus pies ante una mortal y probable caída, mis pies se han cansado de caminar.

Y me hallo inmóvil al lado de la ladera por la que he de descender, preso de una infundada sensación de vértigo que se ha adosado a mi espina dorsal y derramando unas lágrimas que dejo que la fina pero constante lluvia diluya y transporte hasta el suelo, donde quizá todo mi ser, y no sólo mi llanto, habría de estar.

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18
Ago
08

Caminante

El caminante deambulaba por las rutas de la vida día tras día con pausado paso. No tenía prisa por alcanzar el fin de su camino y hallar así su lugar en el mundo, como solía ocurrirle en el pasado. Prefería avanzar lenta y despreocupadamente, observando los parajes que enmarcaban las rutas que recorría, y disfrutar del canto de los animales y de los seres de la noche, y del silbido del viento y el melancólico descender de cualquier arrollo. Prefería disfrutar cada instante, sin prisa alguna por perseguir su destino, junto a la oscura dama que se había cruzado en su caminar y que desde entonces avanzaba de la mano junto a él entre llanuras y valles, bosques y planicies. En ocasiones, cuando varias estrellas decoraban con su brillo el cielo de la noche y la luna les iluminaba, se detenía y ambos se acomodaban sobre cualquier rocosa ladera y observaban el velo celestial. Él la miraba y se encontraba con sus ojos, misteriosos, oscuros, hermosos, más resplandecientes que la propia luna. Después susurraba unas escasas palabras que en ocasiones conseguían arrancarle a la muchacha una inmaculada sonrisa. Sin separar unas manos que el Sol parecía haber fundido, ambos se besaban y acariciaban sus rostros.

Un día la dama decidió desviarse por otro sendero. Un último abrazo selló un adiós que se negaba a ser definitivo. Quizá algún día sus caminos vuelvan a unirlos.

Hoy el caminante prosigue, cansado, su rumbo. Apenas descansa y sólo avanza por las noches. Prefiere que la penumbra le recuerde a ella y le haga imaginar que sigue a su lado. Prefiere huir de los días pues, al echar la vista atrás, un sol incompasivo le recuerda que ahora avanza solo.

En ocasiones el sol le sorprende en algún amanecer, y el caminante llora pues aún no puede asimilar que ella se haya ido y que quizá nunca pueda volver a recorrer su semblante, a estudiar sus facciones, o a rozar sus labios.

En ocasiones el sol me sorprende en cualquier amanecer...

En ocasiones el sol me sorprende en cualquier amanecer...

Rober escucha “Venas con humo y palabras” (Marea)

10
Ago
08

Entre las calles

    
     Existen lugares con los que un día nos topamos, que aparentemente parecen uno más de los múltiples escenarios en los que se desarrolla nuestra compleja vida, y en ello radica nuestra concepción primigenia. Quizá porque en la mayoría de los casos sucede de ese modo.
    
     Pero existen enclaves, ciudades, calles, paseos, plazas, playas, barrios, que se sitúan un eslavón por encima y, muchas veces por mero azar, adquieren una relevancia especial, y marcan toda nuestra existencia, proyectando reminiscencias del pasado en el presente, transportándonos años atrás, otorgándonos sensaciones y sentimientos ya pretéritos, pero nunca olvidados del todo, jamás desterrados.
    
     Aquella ciudad marcó el comienzo de una nueva etapa en mi vida, aunque no asimilé tal circunstancia, como siempre suele ocurrir, hasta que el futuro me ofreció un enfoque retrospectivo, vacuo de sensaciones, y centrado sólo en los hechos, que al fin y al cabo son los que encierran la mayor potencia y conforman la realidad de nuestro existir.
    
     Al progresar entre sus calles más céntricas ya no percibiré tan sólo la sensación de estar caminando sobre piedras plenas de historia, o disfrutando de aromas procedentes de un pasado no tan lejano, u observando edificios que gozaron de esplendor en otras épocas. Me veré también sumergido en uno de esos pozos llenos de recuerdos, de mi propia Historia que cada día se escribe, y que de vez en cuando es conveniente releer y repasar, porque de todo se aprende, y de la experiencia pasada brota la base que enriquece nuestro comportamiento más posterior.
    
     Melancolía al dejar atrás cada esquina en soledad, al rememorar otros tiempos en los que me sentía quizá más vivo, pero cierto positivismo, quizá esperanza, subyace al saber que si un día fui algo cercano a un ser feliz, nada impide que cualquier día vuelva a sonreír como un día aprendí a hacer.
    
     Porque desterrar el pasado es destruir una parte de nosotros mismos, y dicen que lo pasado nunca llega a perecer, trataré de pensar que es posible revivir de nuevo aquellas magníficas tardes (y noches), y seguiré viajando en el tiempo, mirando atrás, cada vez que pasee por el centro de esta vetusta ciudad.
 

...Seguiré viajando en el tiempo, mirando atrás, cada vez que pasee por el centro de esta vetusta ciudad

...Seguiré viajando en el tiempo, mirando atrás, cada vez que pasee por el centro de esta vetusta ciudad

Rober escucha “Far away” de Nickelback 

 

31
Jul
08

Evanescentes

Rober escucha \”Hasta el Amanecer\”, de Vértigo

     Sigo avanzando con cautela, y cuidando cada paso, sobre esa fina cuerda que es el día día. Trato de mantener la vista siempre al frente, y sobre todo, lo más importante, procuro no mirar atrás. Me he precipitado ya varias veces hacia el caliginoso vacío, y sólo las palabras de quienes siempre se han preocupado por mí me han dado impulso para trepar y comenzar de nuevo a andar desde el extremo de la soga. No es fácil, y no es cierto aquello de que el dolor nos hace más fuertes: Cada escalada ha resultado más compleja que la anterior, hasta alcanzar extremos de un cansancio lacerante.
 
      Inerme ante las difusas voces que proceden de tiempos pasados, tras mi espalda, materializadas en vagas reminiscencias, busco enterrarlas entre toneladas de cajas rebosantes de olvido evitando echar hacia atrás la mirada y jugar así con la posibilidad de perder, una vez más, el equilibrio. Guardo y guardaré siempre todo aquello que, en lo pretérito, dotó de la tensión suficiente a esta débil cuerda como para hacerme sentir vivo. Todo eso lo conservaré siempre porque existen recuerdos que no hay que quemar, y confío en haber logrado crear alguno de ellos que esté conservado al menos en el fondo del baúl de tu presente y tu pasado.

      Pero, flirteando casi con un egoísmo vanal, aún resta bastante trecho de cuerda por recorrer y no encuentro motivo alguno para detenerme, más aún ateniéndome a un pasado en que en un bando apenás hubo decisión, poca paciencia y nula espera.

      Queda un buen tramo de cuerda sobre la que caminar, quizá otros caminos que puedan converger en mi avanzar. Y, aunque mi semblante, sereno en exceso, rara vez se suavice para construir una sonrisa, no quiero que las pocas que puedan surgir se tornen evanescentes, sugestionadas por un pasado al que es peligroso mirar a la cara.




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Atrévete y acomódate… en “el rincón del horror”

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